21 de diciembre de 2009


Soy un gran seguidor del grupo británico Radiohead desde sus inicios. Por eso aún me llamó más la atención lo que leí no hace mucho en el blog de Seth Godin.
Resulta que Radiohead plantó cara a la industria musical tradicional y se dirigió directamente al mercado, a través de la Web, dejando que fueran los propios consumidores quienes determinaran lo que se debería pagar por su último disco.
En este punto, Radiohead, asumió la posibilidad y la responsabilidad de tratar directamente con el mundo, con sus clientes y con sus clientes potenciales. Sin intermediarios.

Sin duda es una táctica para captar una gran dosis de atención (cosa que consiguió, vendiendo 1,2 millones de discos en una semana a una media de seis dólares cada uno), y no es una fórmula que pueda aplicarse para lograr un crecimiento del negocio, ya que la próxima vez no será un enfoque novedoso.

Sin embargo, consiguieron algo que seguramente no esperaban, y que mal gestionado puede convertirse en el principal error de su enfoque. Radiohead debe comunicarse ahora con más de un millón de personas, que se han tomado la molestia de darles sus datos personales y que ahora esperan tener noticias de ellos.

Esta información, bien utilizada, podría cambiar la forma en la que el grupo se relaciona con su entorno. Podría, por ejemplo, tratar de colaborar con sus consumidores a la hora de diseñar las giras, de modo que, en lugar de depender de la voluntad de los promotores, su audiencia pudiera proponer las mejores fechas y lugares para ver el espectáculo.

Mal gestionada o lo que es peor, no gestionada, se convertirá en un elemento distorsionador de la relación entre Radiohead y los consumidores de su música.
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