22 de marzo de 2011
Sorprendido por un artículo aparecido hace unos días en el blog de Harvard Business Review, no puedo evitar la tentación de escribir – y opinar – sobre el mismo.
El artículo, escrito por Brad Power y titulado “Uniting the Religions of Process Improvement” (Uniendo las religiones de mejora de procesos) trata de cómo las organizaciones adoptan, casi de forma fanática, alguna de las metodologías existentes de gestión de procesos. Brad, hace referencia en su artículo a Six Sigma, Lean Management, la Reingeniería y el BPM (aunque en este último caso lo circunscribe al uso de tecnologías de automatización de procesos). Hay otras que podríamos incluir en la lista: ISO 9001, TQM, etc.
La conclusión del artículo, viene a ser que ninguna de dichas religiones es la verdadera, y que solo una aproximación conjunta acaba dando rendimientos altamente positivos.
Me parece una conclusión acertada. Cierto que las metodologías, como la tecnología, nos ayudan a iniciar y realizar acciones concretas de mejora de nuestros procesos y que cada una de las mencionadas aporta un gran valor en situaciones concretas, pero no podemos limitar nuestra visión sobre lo que un trabajo constante en nuestros procesos produce en términinos de mejora en el rendimiento, a lo que cada una de las metodologías aporta.
En este sentido, es acertada la metáforna de Brad Power en el artículo al comparar los enfoques a cambiar de dieta milagrosa para adelgazar cada año y llevar una vida sana y equilibrada.
Sin embargo, algunas empresas se dan cuenta de que se necesita ir más allá que el realizar acciones de mejora concretas sobre algunos procesos de su organización. Tratan de institucionalizar la gestión y mejora de sus procesos, es decir, convertirla en algo propio de su ADN, estableciendo los mecanismos de gestión que permitan que sus procesos sean excelentes a lo largo del tiempo y de forma sostenida, aprovechando la agilidad en el diseño de los mismos para convertir en ventaja competitiva lo que para otros son problemas.
Al final, las organizaciones que adoptan esa visión entienden que los procesos no forman parte de su negocio, sino que en sí mismos son su negocio. En ese momento, los resultados están asegurados.
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